
A la deriva.
Los brazos, el cuerpo tierno,
los pliegues de mi falda sobre tus rodillas.
Todo el candor,
la inocente belleza de la sonrisa,
el mirar profundo y ese interés
por conocer al hombre que te habita.
Todo se vino conmigo detrás de ti.
Nada quedó tras el naufragio.
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